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Coaching no es terapia

coaching no es terapiaEl pasado viernes 23 de junio, durante el III Congreso Nacional de Psicoterapia, recordé, a colación del tema que se estaba tratando en una de las mesas redondas, un artículo que escribí en su día y que había dejado en el “cajón del pc”. Lo publico ahora:

Coaching no es terapia

A ciencia cierta, no sé qué es el coaching, pero lo que sí sé es que coaching no es terapia, ni asesoramiento psicológico, ni mucho menos psicoterapia.

Antes, cuando uno tenía problemas “vitales”, bien en ámbito personal, bien en el profesional, se acudía al cura, luego al psicoanalista y ahora ¡al coach!!! Pareciera, por la información que te llega de las redes y medios de comunicación, que el coach te va a ayudar a resolver todos tus problemas “humanos”.

No diré que un coach no pueda ayudar a desarrollar el potencial de una persona, el talento, trabajando con sus recursos, para alcanzar sus objetivos, su meta. Al fin y al cabo, esta es su función: entrenador –coach– del entrenamiento –coaching-. Como el entrenador de futbol que durante los entrenamientos saca los mejores recursos de sus jugadores para que ganen el partido, que juegan ellos, no el entrenador.

Y en este “juego de la vida”,  a veces ponemos en marcha intentos de solución que nos van limitando, que van incapacitando, hasta que se puede llegar a sentir y expresar frases como las que escucho a menudo en mi consulta: “ser prisionero del destino”, “incompetente”, “un fracaso humano”, “dependiente“, “el gran vacío interior”, “un caso perdido”, “falta de aire”, “frustración e impotencia”, “culpable y miserable”, “diana de los compañeros”, “ira irrefrenable”, “víctima del qué dirán”,…

Estas frases, entre otras cosas, son señales ante las cuales un coach debería prestar atención y evaluar si está delante de un caso de su competencia, y puede ayudar realmente, o si debe derivarlo a un experto del área, o sea, a un psicólogo@. Cuando las emociones comienzan a interferir de manera disfuncional en la percepción de la realidad de una persona, comienza a desencadenarse un círculo vicioso que puede terminar en patología.

En el enfoque estratégico, metodología de resolución de problemas de interacción humana, sea con uno mismo, con los demás o con el mundo, desarrollada por los investigadores de la Escuela de Palo Alto, el nivel invalidante del problema es lo que define el tipo de intervención a realizar (coaching, counseling o psicoterapia).

Cuando el problema no incapacita a la persona a llevar una vida, digamos, “normal”, y se circunscribe a un aspecto específico, se trabaja con las técnicas de problem solving para resolver el problema. Plan de carrera o promoción, problemas en los estudios, bloqueo de la performance o desempeño, fijación de objetivos, toma de decisiones, resolución de conflictos, definición de estrategias, gestión de resistencia al cambio, etc., son intervenciones a las que los alumnos del master en Comunicación y Problem Solving Estratégico (del que he sido docente y coordinadora durante varios años), les gustaba definir como coaching.

Pero también se utilizan estas técnicas de problem solving en aquello que en el mundo anglosajón llaman counseling, o lo que es lo mismo, asesoramiento, orientación psicológica que permita a la persona atender y superar sus problemas cotidianos o conflictos no invalidantes. Por ejemplo, relación padres-adolescentes; comunicación en la pareja; pautas para los cuidadores o familia de pacientes; manejo de las emociones en situaciones vitales complicadas…

coaching no es terapiaLa “alarma” debe “sonar” en la mente del profesional que se propone a ayudar, si el problema es tan intrusivo que tiende a invalidar, día a día, el espacio vital la persona, y por extensión a afectar los familiares o aquellos que le rodean habitualmente. En estas situaciones se verifica un salto de nivel no sólo cuantitativo, sino también cualitativo. El círculo vicioso disfuncional se ha instaurado y consolidado; nos encontramos frente a los trastornos mentales y el tipo de intervención adecuada para ayudar, en estos casos, es la psicoterapia. La terapia breve estratégica se centra en interrumpir los círculos viciosos patológicos de forma a poder instaurar un nuevo equilibrio sano y funcional, de forma sostenible, guiando a la persona a través de experiencias emocionales correctivas que le orienten a cambios de perspectiva que refuercen  y garanticen un recorrido seguro y progresivo hacia la deseable autonomía psicológica, de forma tan breve cuanto sea posibleSe trata de aplicar lo que ha sido científicamente probado, de forma empírico experimental, a lo largo de muchas décadas. Por supuesto, adaptándolo al caso personal y a la “originalidad” de cada paciente.

Experimentar lo que se deriva de las “enseñanzas” de ciertas pseudociencias noveles, con personas que sufren, más que una temeridad, constituye un fuerte desafío a la tolerancia ética de la sociedad actual. ¿Hasta cuándo?   

Los profesionales de ayuda tenemos que tener un alto nivel de autoexigencia, honestidad, ética y una apurada conciencia operativa para poder derivar aquellos casos que no son de nuestra competencia y evitar consecuencias que pueden ser fatales (trabajamos con personas, no con materiales que si se rompen se pueden tirar y sustituir por otros).

 

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¡Basta ya!

Creo que hay pocas profesiones como la de psicólogo@ que estén sometidas a tanto intrusismo profesional. ¡Basta ya!

Ya sé que hay otras profesiones que también lo padecen, pero quizá yo lo perciba en mayor grado en mi profesión, porque me toca directamente. Lo que tengo claro es que en el caso de la psicoterapia, mucho más que la defensa de la profesión importa la defensa de los que acuden a sus servicios porque, de una forma o de otra, la vulnerabilidad suele acompañar a cualquier forma de sufrimiento humano.

¡Qué coraje cuando me llegan a consulta pacientes que han pasado por algún tipo de “predicadores” y/o “sanadores”!  Muchos llegan en circunstancias penosas, en búsqueda de una solución de último recurso. Algunos casos son tan “desesperados” que, paradójicamente, pueden hasta facilitar la adhesión al tratamiento que prescribo y aumentar la rapidez de la recuperación del paciente. Sin embargo, el hecho de resolver rápidamente ciertos casos que hasta pueden favorecer mi imagen profesional de buena psicoterapeuta, no me puede distraer de la obligación de alertar para prácticas que vienen causando verdaderos dramas humanos.

Y eso que mi modelo de trabajo sigue la línea estratégica de la Escuela de Palo Alto, caracterizada por un pensamiento “herético”,  comparado con otros modelos tradicionales/ortodoxos de psicoterapia. La terapia breve estratégica se interesa por la funcionalidad del comportamiento humano frente a los problemas, dejando a un lado teorías rígidas, normativas y deterministas.

ilusion-desilusion-depresion Los “predicadores”, los “yes, we can!”, los “piensa en positivo”, que te animan, motivan y casi jalean, son un peligro en potencia para cualquiera que busque algún tipo de ayuda psicológica. A menudo, las expectativas tan exageradas que consiguen crear, las ilusiones, como difícilmente se alcanzan, acaban por generar en la persona un desesperante sentimiento de incapacidad (“soy un inútil; me rindo, mejor acabar ya”). Y qué decir cuando esta sensación incapacitante se presenta por comparación con los miembros integrantes de un grupo que generalmente alcanza sus metas. Él que no está pasando una buena racha y no las alcanza, acaba por creer que los demás piensan que es un incapaz (“soy el hazmerreír de la empresa”).

La perniciosa secuencia: Ilusión, desilusión, depresión.

Esta es una parte oscura de la intervención de los “sanadores”, que te curan el alma, la mente, el cuerpo y el espíritu, que te devuelven la felicidad y la armonía con sus “motivadoras” y “mágicas” palabras, su imposición de manos, sus flores y aromas, alusiones abusivas al ying y al yang, sus constelaciones con tintes esotéricos, etc., etc.

Más oscura se vuelve la cosa cuando la situación de debilidad de la persona, mal enfocada desde la  incapacidad “profesional” del “sanador”,  llega a producir brotes psicóticos paranoides (“estoy amenazado de muerte en el trabajo; les he oído”) o episodios maníacos (“cuando me vengo arriba, mi comportamiento es violento. Si mi madre me dice algo que a mí no me gusta, rompo lo primero que tengo a mano”).

Después de haber tenido que tratar cuatro casos seguidos, derivados de este tipo de encuadre sanatorio, me ha venido a la cabeza la escena de la serie House, donde el médico protagonista, ingresado en un “sanatorio”, se escapa, con  la mejor intención, llevando a un paciente “desmotivado”, porque había perdido sus poderes de Superman, al túnel de viento de un parque de atracciones. De regreso al “sanatorio”, nuestro Superman que ha tenido la experiencia (artificial) de recuperar su “poder” de volar, se tira, convencido de que volaría, desde una cuarta planta.

Tan osada no seré como para decir que “predicadores” y “sanadores” actúen con mala intención, pero el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones”.

 

 

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Ansiedad – 4 cosas que tienes que evitar

En las redes hay cientos de artículos aconsejando a quienes sufren de ansiedad sobre las cosas qué deben hacer para lidiar con ella, en todos los planos, el emocional, el cognitivo, el comportamental, el social y ¡hasta el nutricional!

Pues bien, yo escribiré sobre lo que NO tienes que hacer, si quieres solucionar tu problema. ¿Por qué? Porque son acciones (o inacciones) que alimentan el problema. O sea, lo empeoran. En Terapia Breve Estratégica las llamamos Soluciones Intentadas o Intentos de Solución.

Como ya he referido en otros escritos, la ansiedad es una respuesta del organismo ante estímulos, externos o internos, percibidos por el individuo como amenazantes, una señal de “alarma”, de alerta, que nos advierte de un peligro inminente y nos permite adoptar medidas para poder afrontarlo.  Cumple una función adaptativa.

Sin embargo, pasa a ser patológica cuando es demasiado intensa, o supera cierto umbral, o se generaliza más allá de la situación, evento u objeto que justifiquen una reacción de miedo.  Adquiere un carácter invasivo, dominante e incontrolable. La vida de la persona gira en torno a evitar el potencial peligro imaginario futuro. Es un miedo anticipatorio.

Si quieres mantener la ansiedad en un nivel “sano”, evita hacer las siguientes cosas, porque en caso contrario, como dije antes, estarás alimentando la ansiedad y transformándola en patológica.

Por otro lado, si tu ansiedad ya está en un nivel patológico, deja de realizarlas porque es como si avivaras las brasas de la ansiedad con un fuelle para que crezca el fuego, manteniendo no sólo vivo el problema, sino empeorándolo.

 

¿Qué evitar si tienes ansiedad?:

 

1- Evita evitar

La primera cosa que hace quien padece de ansiedad es posponer aquello que teme para evitar ser pillado por sorpresa por el “monstruo” y que las sensaciones negativas asociadas a lo temido no aparezcan ni aumenten.

Cuanto más empiezo a evitar afrontar lo que temo, más me confirmo que lo temido es peligroso y más aumento mi miedo en lugar de reducirlo. Es la trampa de la evitación: cada evitación amplifica el miedo abriendo la puerta a otra evitación. Y esta secuencia interactiva en la cual cuanto más evito, más aumenta mi miedo, más vuelvo a evitar, se va extendiendo ¡hasta llegar al punto de no ser capaz de poder salir de casa!

 

2 – Pedir ayuda

pedir ayudaAlgunas personas solicitan ayuda directamente a los demás para afrontar aquello que temen (“por favor, acompáñame porque no me encuentro bien”) y otros son tan “buenos” que se las ingenian para que parezca que la ayuda es iniciativa de los otros (“es mejor que te quedes tú en casa, que ya voy yo”).

Sin embargo, pedir ayuda a los demás funciona de la misma manera que la evitación: que siempre haya alguien dispuesto a estar conmigo, me confirma continuamente mi incapacidad para afrontar solo lo temido.

Más pido ayuda, más agravo los síntomas ansiógenos, porque más aumenta mi sensación de incapacidad.

 

3 – Controlar los síntomas fisiológicos

controlar sintomasGeneralmente, cuando uno nota los síntomas físicos de la ansiedad (palpitaciones elevadas, frecuencia cardíaca rápida, mareos, temblores, sudoración, escalofríos, sensación de ahogo, presión en el pecho, nudo en el estómago…), la tendencia es intentar reprimirlos, controlar todos los parámetros fisiológicos (“tranquilo, relájate, respira, no tiembles…”).

Pero en el momento que intentamos controlar estas sensaciones, paradójicamente, en lugar de calmarlas, más se alteran. Estos parámetros son regulados por el sistema nervioso autónomo y funcionan de manera involuntaria, espontánea, – la frecuencia respiratoria, el ritmo cardíaco, la sudoración, el sentido del equilibrio, la tensión muscular, etc.

Cuanto más intentamos controlarlos, más los desencadenamos.

 

4 – Socializar el problema

socializarEs muy común que las personas que sufren de ansiedad tengan la idea ilusoria de “cuanto más hablo de mi problema, más se me pasa”; así que socializan sus temores con los demás (lo comentan con su entorno más cercano, ¡y a veces no tan cercano!).

Sin embargo, y creo que ya lo habrás notado si padeces ansiedad, cuanto más hablo de mi ansiedad, más la amplifico, más la hago crecer porque los demás procuran tranquilizarme, reasegurarme. Si continuamente me intentan tranquilizar, más me voy convenciendo de que hay realmente un peligro. Con la mejor intención, quienes me rodean dándome su apoyo, alimentan más aún mis temores.

Aunque el “juego” no acaba aquí: no sólo estoy más asustado cuando los demás intentan tranquilizarme, sino que me siento más incapaz. Porque me doy cuenta de que tengo miedo de algo que los demás parecen no tener. Así que, si pedir ayuda es avivar el fuego, socializar el problema, es echarle gasolina.

 

Si puedes evitar estas cuatro cosas, notarás en breve la mejoría, e incluso puede llegar hasta la desaparición del problema.

 

Si no es así, acude a un profesional, a un psicólog@ psicoterapeuta, que te enseñe cómo bloquear estos intentos de solución, que no funcionan, para que seas tú quien pase a manejar al “monstruo”.

 

Y si el profesional te puede garantizar resultados en tiempo breve, como un psicoterapeuta estratégico, pues mejor que mejor, porque la ansiedad puede llegar a ser un trastorno invalidante pero que puede resolverse sin necesidad de fármacos.

 

 

Neurociencia y Causalidades

terapia breve estrategica - neurociencia y causalidadesProliferan los estudios sobre neurociencia. Estas investigaciones, de gran aportación para comprender la estructura y el funcionamiento del sistema nervioso, que han supuesto un gran avance en el tratamiento de las enfermedades neurodegenerativas, también intentar dar explicación al comportamiento humano, llamémosle, “insano”.

Si en décadas anteriores, las investigaciones se centraban en los neurotransmisores, cómo su carencia o exceso estaba relacionado con los trastornos, ahora las investigaciones de neurociencia se centran en las redes neuronales involucradas así como en la genética (mediante la optogenética se excitan o inhiben determinadas neuronas para acotar en animales vivos los circuitos neurales afectados por dichos genes) ¡Y tenemos genes para todo! El gen de la depresión mayor, el gen del trastorno bipolar, el gen del TDAH, el gen de la ansiedad, el gen de la esquizofrenia, el gen del TOC, el gen de la cleptomanía…

Otros investigadores refieren que es muy difícil identificar la genética de los trastornos mentales dado que, en general, no son producto de un solo gen, sino de un conjunto de genes, una suerte de carga genética  acumulada y su afectación por factores ambientales (la vivencia de experiencias “traumáticas” o negativas).

Sea como fuere, pareciera que los esfuerzos se centran en establecer una causalidad lineal entre “herencia” y trastorno mental. ¿Qué resquicio le queda al ser humano bajo esta perspectiva? Porque si nos ponemos a tirar, la herencia genética del ser humano es común, parte de las primeras bacterias anaerobias, así como nadie está exento de padecer a lo largo de su vida un evento “traumático” (como digo a mis pacientes, la vida es un camino de rosas, con ese dulce aroma y suaves aterciopelados pétalos, pero también con sus punzantes espinas). ¡Es como si todos tuviéramos la espada de Damocles encima de nuestra cabezas!

Es cierto que en los últimos tiempos se ha aprendido mucho sobre la química del cerebro, sobre los neurotransmisores y sus receptores en animales de laboratorio, pero ¿cómo funciona en el cerebro del paciente y en su interacción con el contexto? Porque la mayoría de los pacientes no viven aislados en un laboratorio. Hay que dar más importancia al conocimiento operativo.

Desde una perspectiva menos determinista y de gran valor operativo, el principio de entender cómo funciona el problema para descubrir cómo actuar sobre él, es lo que ha “marcado el norte” de la metodología desarrollada por los investigadores de la Escuela de Palo Alto, los “padres” de la Terapia Breve Estratégica. De acuerdo con los resultados de sus décadas de investigación, es la causalidad circular, la secuencia de retroalimentaciones recíprocas entre causa y efecto, la que crea y mantiene los problemas.

Para el enfoque estratégico, la mayoría de los trastornos psíquicos, son resultado del significado que la persona atribuye a la realidad que está percibiendo en su contexto, y de la manera disfuncional cómo reacciona, lo que le conduce a confirmar su percepción y le “empuja” a reaccionar nuevamente de manera disfuncional, estableciéndose un círculo vicioso.

Por ejemplo, sin ninguna evidencia fuerte, creo percibir en mi cuerpo síntomas de una enfermedad, así que me pongo a hacer comprobaciones a mi cuerpo, a “escucharlo”, prestando mucha atención para verificar si son señal de que todo va bien o no:

  • Pero claro, quien busca, ¡encuentra! Al aumentar la atención a las sensaciones corporales, estas se ven amplificadas, así que descubro señales que me confirman que algo no va bien y me asusto.
  • Con el miedo, más percibo aumentadas mis señales corporales y más estas me van confirmando que tengo una enfermedad. Así que iré al médico de cabecera, que al no descubrirme nada, me manda al especialista.
  • Este hecho, en lugar de tranquilizarme, más me confirma que tengo una enfermedad porque me manda al especialista, comenzando todo un peregrinaje por los especialistas, donde cada visita, a pesar de los resultados ser negativos, más me intranquilizan porque no encuentran lo que me pasa.
  • Más me confirman que tengo una enfermedad, ¡además rarísima porque no dan con el diagnóstico! Me pondré a indagar en internet sobre enfermedades raras y su sintomatología, y encontraré las señales que me confirmen la enfermedad, entraré en pánico, la cosa tiene mala solución, me recetarán ansiolíticos, que me confirman definitivamente que tengo una enfermedad, porque si no … ¿por qué iban a recetármelos?

causalidad circular terapia breve estratégicaExiste una causalidad circular entre cómo el problema persiste y las soluciones intentadas que la persona hace para resolverlo sin éxito. A pesar de la causalidad lineal que pueden sugerir las investigaciones de la neurociencia, la redundancia de esta red de retroalimentación perceptiva y reactiva disfuncional, entre la persona y sus realidades (personal e interpersonal), es la que da lugar a sistemas perceptivo-reactivos rígidos y disfuncionales; al llamado tarstorno mental.

Hasta el momento, las evidencias empírico-experimentales comprueban que así funcionan las cosas, en la mayoría de los casos de trastornos mentales. Es más determinante lo que yo hago, y cómo lo hago, en función de aquello que percibo, que las herencias que, afortunadamente, o desafortunadamente me hayan tocado.

Hablando con la locura

hablando con la locuraEn uno de mis posts, comentaba cómo la estructura de los problemas (cómo funcionan y qué los mantienen vivos en el presente), el círculo vicioso se repite, lo cual ha permitido a la Terapia Breve Estratégica desarrollar protocolos de intervención para cada tipo de trastorno.

Tener protocolos, es una gran ventaja, pero no es suficiente para garantizar el éxito de la terapia. Es necesario adaptarlos a la “originalidad” del paciente, a sus particularidades y a su contexto. Es decir, la aplicación de las maniobras, de las prescripciones, varía de caso a caso, a fin de que el paciente nos siga y se adhiera al tratamiento. Como decía Milton Erickson, cada terapia tiene que ser original.

Dos elementos son claves en este nivel aplicativo de la estrategia de solución, que todo buen terapeuta estratégico tiene que manejar:

  1. La relación, o lo que es lo mismo, gestionar la resistencia al cambio (aspecto del que ya hable también en otro post).
  2. La comunicación persuasiva, el sintonizar con la lógica del paciente para cautivarlo y persuadirlo a cambiar.

Tengo que confesarlo, disfruto hablando con la “locura” y cuanto más bizarra, mejor; te permite dar rienda suelta a la imaginación, a la creatividad.

Recuerdo aquel joven que sólo salía por las noches porque le angustiaba la fealdad de la realidad, pero más le angustiaba que su familia le forzara a salir de día para contemplar la belleza del mundo. La forma de establecer la sintonía empezó con una frase: “Pero chico, si tú ves bien, el mundo es feo. Mira las calles, llenas de cacas de pájaro y perros, escupitajos, el olor pestilente de los sumideros, las hojas muertas en las aceras…”.

O aquel adolescente con la mano escayolada por partirse los nudillos descargando su rabia contra una pared de piedra; “soy Leónidas contra Jerges” me dijo; “bien Leónidas, como buen espartano, la próxima vez que tengas un arrebato de rabia, tendrás que sacrificar tu otra mano y golpear fuerte con ella contra la pared”, le contesté (había que ver los ojos desorbitados de su madre ante mi sugerencia).

O el caso de la persona que se quedaba bloqueada con determinadas sílabas, incapaz de pronunciarlasporque no consigo construir la sílaba en mi cabeza; me dicen que no lo piense, pero no puedo dejar de pensar en cómo construir la sílaba”. Aquí la cosa ya ha tenido que ser un poco más elaborada: “Pero si tienes uno de los mejores recursos, ¡aprovechémoslo!. Tienes que pensar cómo se construye cada una de las letras y cada uno de los fonemas que componen la sílaba; así estaremos usando el hemisferio izquierdo y el hemisferio derecho, que se unirán para dar sonido a la sílaba, tú problema es que estás construyendo la casa por el tejado: vas directamente a la sílaba, saltándote el paso previo, las letras y fonemas”.

O la tricotilomanía “evolucionada”, donde el placer es comerse el bulbo del pelo arrancado (y no el mero hecho de esa fina línea donde el dolor se convierte en placer).  La conversación inicial: Terapeuta: “¿Te comes todos los bulbos o seleccionas el pelo que vas a arrancarte para comerte el bulbo?” Paciente: “No, no, lo selecciono. Me arranco los pelos más gordos, porque tienen un bulbo más gordito, aunque ya me quedan pocos o ninguno; me cuesta encontrarlos”. Terapeuta: “Qué pena, porque ciertamente los bulbos de pelo de elefante, como les llamo yo, son más sabrosos”.

Podría seguir enrollándome con cientos de casos, porque como dije, disfruto hablando con la “locura”. No hablo con “pepito, Juanito o menganito”; como digo a mis alumnos, un terapeuta estratégico habla con el sistema perceptivo-reactivo, con la manera como la persona percibe la realidad y reacciona ante ella, es decir, el significado atribuido a la realidad percibida (realidad de segundo orden como le llamaba Paul Watzlawick) conlleva a actuar, reaccionar, en el caso de los trastornos psíquicos, de manera disfuncional.

Hablar con el sistema perceptivo-reactivo permite hacer sentir al paciente que lo comprendes (“¡por fin alguien me entiende!” te explicitan muchos), que estás en su misma lógica de pensamiento, que sabes de lo que hablas, que conoces del tema y eres experto, predisponiendo de este modo al paciente a ir aceptando las reestructuraciones perceptivas (nuevos puntos de vista, nuevos significados para esa realidad percibida) hasta adherirse a la prescripción.

 

“Sólo esto” ya es más de medio camino hecho para aliviar el sufrimiento de muchos. Por eso se trata de una terapia breve.

 

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Realidad Virtual y Psicoterapia

realidad virtual y psicoterapiaDebatía el otro día acerca de la utilidad en psicoterapia de las gafas de realidad virtual. Me argumentaban que los tiempos van cambiando, los estilos de vida van cambiando, la cultura e intereses van cambiando, etc., y que debíamos, nosotros psicoterapeutas, adaptarnos si no queríamos “morir”.

Y si es cierto que las cosas van cambiando (creo que era Heráclito quien decía que “lo único constante es el cambio”), también es cierto que la estructura de los problemas “mentales” permanece igual. Ya desde los albores de la Terapia Breve Estratégica, allá por inicio de los 50 del siglo pasado, el equipo de investigadores y científicos de la Escuela de Palo Ato, creadores de este enfoque, se centraron en conocer cómo funciona un problema y qué lo mantiene persistente en el presente. La continuidad y evolución de estas investigaciones ha permitido desarrollar protocolos de intervención, soluciones, para cada tipo de trastorno porque, aunque cada caso sea particular y original, la estructura del problema se repite.

Retomo el ejemplo que me colocaban en el debate mantenido sobre las gafas “virtuales”. Se trataba de una persona que tiene miedo a volar. Me decían que la realidad virtual puede ser muy útil como herramienta de desensibilización sistemática (técnica basada en el condicionamiento clásico desarrollada por Joseph Wolpe, en los años 50 del siglo XX, que consiste en la exposición gradual al estímulo que desencadena el miedo). Subrayaban su aplicación para los casos en los cuales la persona nunca ha viajado en avión y no ha vivido una fuerte experiencia que le desencadene el miedo.

Bien, no diré que no puedan ser válidas las “gafas virtuales” como medida de exposición a la situación temida, pero ¿y el salto de la realidad virtual a la realidad real?

Miles de cosas pueden pasar por la cabeza de aquellos que tienen miedo al avión que les impide afrontar la situación, hayan vivido, o no, una experiencia desagradable volando. (Un inciso: tiene “gracia” que la mayor parte de las fobias se forman a partir de imaginar que se pueda vivir lo temido o que pueda suceder, no de vivir un evento real). Sin embargo, en lo que sí convergen todos los fóbicos es en evitar la situación real que les da pavor.

Cuando lo evitan, inicialmente se encuentran mejor porque no han tenido que afrontar la situación, pero por desgracia esto les confirma que si hubiesen afrontado habrían estado mal, con lo cual, vuelven a evitar. Y cuanto más evitan, más confirman que es “peligroso”, más aumentan su miedo y más vuelven a evitar. Cayeron en un círculo vicioso, en la trampa de la evitación: cuanto más evito, más aumenta el miedo.

Y esta es la estructura del problema que se mantiene constante hoy, siglo XXl, tal como décadas atrás: la solución intentada de evitar paradójicamente amplifica el miedo. Lo que varía es la aplicación de la solución, una prescripción que se adapte a la “originalidad” del paciente y facilite su adhesión al tratamiento (tema que ya da para hablar, y mucho, en otro post).

La cuestión es: ¿será que la realidad virtual podrá llegar a producir la misma experiencia emocional correctiva que la vivencia real o simplemente puede servir como complemento terapéutico?

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Depresión: incapacidad para gestionar los efectos colaterales

depresionIba a comenzar con el famoso refrán de “la primavera, la sangre altera” y desmitificar la también famosa “astenia primaveral”, que al fin y al cabo no es más que consecuencia del proceso de adaptación de nuestro organismo a las nuevas condiciones ambientales, pero las duras sesiones de estos días (“yo he visto cosas que vosotros nunca creeríais” como el replicante Roy Batty de Blade Runner), me han hecho cambiar de idea.

La depresión ha entrado “a saco” en mi consulta. O, más correcto, es decir REACCIÓN DEPRESIVA.  Para la Terapia Breve Estratégica, la depresión es una reacción al fracaso, a la incapacidad de la persona para enfrentar un problema.

El enfoque médico-biologicista, refiere que es debida a niveles bajos de serotonina (cuando un paciente viene y me cuenta que su médico o psiquiatra le ha dicho que tiene los niveles bajos de serotonina, siempre le pregunto: ¿cómo te lo han medido?, ¿qué nivel tienes? Su respuesta: “no lo sé”.  Alguno dirá, sí, se puede medir indirectamente a través de las plaquetas sanguíneas. Pues eso, indirectamente; no se ha demostrado ser directamente proporcional a los niveles de serotonina en el cerebro).

Si, parece existir una correlación entre la serotonina y el estado de ánimo. ¿Pero qué es lo primero?: ¿la falta de serotonina que provoca el bajo estado de ánimo o el bajo estado de ánimo que provoca la bajada del nivel de serotonina? (cuánto me acuerdo de Marisol, la profesora de psicología conductual y su referencia a William James: ¿es el dedo el que aprieta el gatillo del revolver o es el gatillo del revolver que incita al dedo a apretar?)

Una de las premisas básicas de la terapia breve es la causalidad circular, es decir, el efecto se vuelve causa de la causa inicial y así sucesivamente; se van retroalimentando. Y claro, en este escenario es difícil saber qué fue primero, si el huevo o la gallina.

Y aun siendo éste el escenario, cada vez con más frecuencia, en correspondencia con períodos donde la persona se muestra más triste, pesimista, desmoralizada, abúlica, apática, solitaria, desesperanzada, agotada, angustiada, irritable, fatigada…, los médicos de atención primaria diagnostican depresión con su correspondiente prescripción de fármacos (y con “suerte”, posterior derivación al psiquiatra, que continuará con los fármacos y, quizá, remita al psicólogo clínico).

La psicoterapia estratégica decide abordar el problema por otro extremo de este círculo vicioso. Los problemas de los hombres son el producto de un modo de percepción y reacción disfuncional hacia la realidad. En la interacción entre la persona y la realidad, para resolver su situación, la persona pone en marcha soluciones que alimentan el problema (o sea, soluciones intentadas porque no resuelven, sino que lo mantienen vivo).

Como referí antes, para el enfoque estratégico la depresión, en la mayoría de los casos, es REACTIVA, o a un evento acontecido en un momento concreto o a otro tipo de trastorno. Es por esto que podríamos decir que la depresión es un síntoma, o al menos una reacción a la incapacidad para hacer frente y gestionar los efectos colaterales de un problema. La persona hace y hace cosas para salir de su situación, pero más hace más se va hundiendo porque nada funciona. Hasta que llega el punto de creer que ya no puede hacer nada más, que ya lo ha intentado todo, y se rinde, RENUNCIA.

El depresivo es el Iluso desilusionado: creía que podría, pero soy un incapaz, o ya no soy capaz, o me han decepcionado, o el mundo es injusto. Como ha dicho Joanne Rowling, autora de Harry Potter, “estamos unidos con hilos invisibles a nuestros temores. Somos el títere y el titiritero, víctimas de nuestras expectativas.

Aparenta ser oscura la atmósfera descrita, pero parafraseando a Stephen Hawking, que recientemente nos ha dejado, “los agujeros negros no son las cárceles eternas que se pensaba que eran. De un agujero negro pueden salir cosas, hacia el exterior y, posiblemente, hacia otro universo. Así que si sientes que estás en un agujero negro, no te rindas; hay una salida… “.

Mi recomendación, terapéutica evidentemente: prevé los efectos colaterales de tus acciones y baja un poquito tus expectativas.

 

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Ayúdame…¡pero te lo pondré difícil!

Esta frase, ayúdame a cambiar, pero te lo podré difícil, es un mensaje que siempre está presente en consulta, unas veces de forma explícita (sin ir más lejos, la semana pasada ha sido la tónica en mi trabajo) y otras veces implícitamente.

El “cámbiame sin cambiarme”, o lo que es lo mismo, la resistencia al cambio, es una característica inherente a todo ser humano que toma la decisión de cambiar (y subrayo “decisión” porque muchos dicen estar en constante evolución, pero ellos no deciden cambiar, sino que son arrastrados por el cambio del entorno y se van adaptando a ello).

El paciente ya ha dado su “primer pequeño paso”, como decía Lao Tsé. La labor del terapeuta es sortear la resistencia si quiere conseguir tanto una alianza terapéutica como la adhesión al tratamiento.

Los fundamentos de la terapia breve estratégica nos ayudan a detectar el tipo de resistencia al cambio y utilizarla a favor de la terapia, ya desde la primera sesión (y claro, esto influye sustancialmente, en que sea una terapia en tiempo breve).

Algunos enfoques psicoterapéuticos podrán tener una larga tipología de resistencia al cambio; la terapia estratégica utiliza un reductor de complejidad que nos facilita operar en la complejidad de la realidad del paciente, dejando así en  4 los tipos de resistencia:

  • El colaborador aparente:

Quiere cambiar pero no sabe qué tiene que hacer. Como el caso de los padres que hiper-protegen a sus hijos al tiempo que esperan que sean autónomos. La explicación de que mimarle demasiado puede perjudicar al niño convirtiéndolo en incapaz, la comprenden desde un punto de vista cognitivo y ponen en práctica las tareas. Evidente que vamos midiendo que siguen estas indicaciones directas, para cerciorarnos que es un colaborador.

  • El que quiere cambiar, pero no puede:

Sabe qué tendría que hacer, pero no puede hacerlo porque un bloqueo emocional se lo impide. Por ejemplo, todos los fóbicos saben que si afrontasen su miedo, éste desaparecería, pero no pueden hacerlo. Por este motivo, no les podemos solicitar de forma directa que lo afronten. Sin embargo, si desplazamos su atención para que lo afronte sin darse cuenta, desbloqueamos su bloqueo emocional.

  • El opositor:

No quiere salir de su zona, digamos, de confort, aun limitándole los riesgos. Su zona la conoce, la domina, la controla y cuando ha salido, se ha sentido desprotegido, sin armas, por eso regresa a su refugio, colocándote los mil y un “sí, pero”, sin darse cuenta de que su refugio se ha convertido en su prisión. Me vienen a la cabeza las anoréxicas y los obsesivos (compulsivos o no), que te retan, desafían y desconfían de tus competencias. Hay que usar el mismo tipo de resistencia contra la resistencia principal, pero sin intentar convencerlo: si él duda, yo dudo más de que él sea capaz de hacer nada por mejorar.

  • Ni colabora, ni se opone:

No sabe si puede ni si quiere debido a una “hiper-rigidez” de su visión de la realidad: todo lo que no encaja en su percepción, no existe. No hay más puntos de vista, sólo el suyo es el único, real y verdadero. Es decir, una creencia que no podemos eliminar, como en los celos patológicos, que cuanto más intentamos convencer de que son ideas “paranoicas”, más le damos argumentos a la creencia para crecer. Hay que meterse en su punto de vista, en su “novela”, y añadir algo diferente que le lleve a descubrir otra realidad.

 

La teoría parece fácil, pero para alcanzar un alto desempeño como terapeutas, ser más eficaces y más eficientes, como en cualquier otra profesión de ayuda, hay que entrenar y ser constantes en aplicar las técnicas de comunicación que nos permiten manejar, sortear, eludir la resistencia. Como dijo Antonio Gades, “no hay arte sin disciplina, ni disciplina sin sacrificio”.

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Resolver el problema de los exámenes

resolver el problema de los examenesLa situación

En los últimos días, con los exámenes a la vuelta de la esquina, mi Google alertas (que  tengo activado para mantener actualizados a mis seguidores de Facebook), no para de enviarme noticias acerca del riesgo de sufrir ansiedad ante los exámenes debido a una mala planificación del tiempo. Y algunos consideran que es muy importante resolver el problema de los exámenes.

Bueno, como dice mi madre, pareciera que algunos acaban de descubrir el Mediterráneo (años más tarde le oí esta misma expresión al insigne filósofo español Gustavo Bueno; ¿será una expresión propia de una misma quinta o es que tengo una madre filósofa?).

No obstante, no está de más recordar y subrayar la importancia de una funcional planificación y organización del trabajo y el tiempo. Como decía Aristóteles: “Un buen comienzo, es la mitad del trabajo”.

Hablo de funcional, porque desde el enfoque estratégico, modelo de terapia psicológica aportado por la Escuela de Palo Alto que ha desarrollado estrategias de problem solving para problemas humanos, el interés se centra en la “funcionalidad” o “disfuncionalidad” del comportamiento de las personas para resolver el problema que consideran tener y su modo de relacionarse con su propia realidad. Lo que es funcional para uno puede ser disfuncional para otro y viceversa.

Cómo funciona

Para unos puede ser más funcional estudiar por las mañanas, para otros por la tarde e incluso habrá aquellos que rindan más y mejorar por la noche. A unos les será más provechoso empezar por lo más “pesado”, ir de lo difícil a lo fácil, y a otros ir de lo liviano a lo que les exija más esfuerzo, de lo fácil a lo difícil. Hay a quienes estarán más “receptivos” empezando por cuestiones nemotécnicas y quienes lo estarán con ejercicios prácticos. Unos necesitarán subrayar, hacer esquemas, resúmenes, fichas, mapas mentales, test… y quienes únicamente necesiten subrayar, o hacer un esquema, o… Quienes subrayen a lápiz o a un solo color y quienes necesiten múltiples colores; quienes necesiten el acompañamiento de música (siempre la misma o mismo estilo o clásica, tecno, rap, etc., según la materia) y a quienes la música es un importante distractor. Los que necesitan descansar unos minutos cada periodo de estudio y los que precisan de despejarse con na actividad física. Y así, podríamos ir (casi) hasta el infinito.

Pero, al igual que para un buen desempeño ante los exámenes, es necesario una organización funcional del trabajo, igualmente  es imprescindible cierto grado de ansiedad. Cualquier prueba que exige esfuerzo, aplicación, dedicación, empeño, tesón, constancia, perseverancia, necesita un poco de ansiedad  porque es la que nos permite estar más concentrados, atentos, activos, vigilantes. Una cierta dosis de ansiedad se puede mantener y usar funcionalmente.

¿Cuándo la ansiedad se transforma en un problema? Cuando supera  cierto umbral, porque ahí la ansiedad comienza a interferir con la capacidad de concentración, de memorización, de exposición y, por ende, comienza el bloqueo, tanto durante el estudio como durante la realización de los exámenes.

Cómo resolver el problema

En el momento que mi nivel de ansiedad va más allá, el comportamiento se vuelve completamente disfuncional y pierdo la gestión de la situación. En el caso que nos ocupa, comienzo a darme mensajes tipo: “concéntrate, relájate, tranquilízate, no te pongas nervioso, céntrate…”.  Y cuanto más me doy estos mensajes, cuanto más intento controlar estos parámetros, paradójicamente, más me descontrolo. Entro en un círculo vicioso. Es decir, el intento de solución para controlar la ansiedad se convierte en el problema. Y de una ansiedad “sana”, funcional, pasamos a una espiral ansiógena disfuncional. Como afirmaba Paul Watzlawick, las soluciones intentadas son la principal forma de persistencia del problema psicológico.

Evidentemente, alguien que vive una situación puntual donde la ansiedad superó el umbral funcional, no tiene un trastorno de ansiedad y no necesita recurrir a la psicología clínica. Pero si esta espiral disfuncional, se mantiene y es llevada al extremo, podría convertirse en una patología. Y en estos casos, lo primero es acudir a un profesional que pueda garantizar resultados en tiempo breve, precisamente porque es un trastorno invalidante pero que se puede resolver sin necesidad de fármacos.

Desde la Terapia Breve Estratégica, la intervención para superar y gestionar esta experiencia emocional correctiva negativa que genera la ansiedad “patológica”, se ha de tener una experiencia emocional correctiva positiva: enseñar a la persona a tocar el fantasma, tocarlo y hacerlo desvanecer.

Para concluir con el tema del titulo, seria importante reflexionar sobre la posibilidad de que el principal obstáculo para resolver el problema de los exámenes sea, quizá, que tanta gente se ocupe tanto en resolver el problema de los exámenes.

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