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Ansiedad – 4 cosas que tienes que evitar

En las redes hay cientos de artículos aconsejando a quienes sufren de ansiedad sobre las cosas qué deben hacer para lidiar con ella, en todos los planos, el emocional, el cognitivo, el comportamental, el social y ¡hasta el nutricional!

Pues bien, yo escribiré sobre lo que NO tienes que hacer, si quieres solucionar tu problema. ¿Por qué? Porque son acciones (o inacciones) que alimentan el problema. O sea, lo empeoran. En Terapia Breve Estratégica las llamamos Soluciones Intentadas o Intentos de Solución.

Como ya he referido en otros escritos, la ansiedad es una respuesta del organismo ante estímulos, externos o internos, percibidos por el individuo como amenazantes, una señal de “alarma”, de alerta, que nos advierte de un peligro inminente y nos permite adoptar medidas para poder afrontarlo.  Cumple una función adaptativa.

Sin embargo, pasa a ser patológica cuando es demasiado intensa, o supera cierto umbral, o se generaliza más allá de la situación, evento u objeto que justifiquen una reacción de miedo.  Adquiere un carácter invasivo, dominante e incontrolable. La vida de la persona gira en torno a evitar el potencial peligro imaginario futuro. Es un miedo anticipatorio.

Si quieres mantener la ansiedad en un nivel “sano”, evita hacer las siguientes cosas, porque en caso contrario, como dije antes, estarás alimentando la ansiedad y transformándola en patológica.

Por otro lado, si tu ansiedad ya está en un nivel patológico, deja de realizarlas porque es como si avivaras las brasas de la ansiedad con un fuelle para que crezca el fuego, manteniendo no sólo vivo el problema, sino empeorándolo.

 

¿Qué evitar si tienes ansiedad?:

 

1- Evita evitar

La primera cosa que hace quien padece de ansiedad es posponer aquello que teme para evitar ser pillado por sorpresa por el “monstruo” y que las sensaciones negativas asociadas a lo temido no aparezcan ni aumenten.

Cuanto más empiezo a evitar afrontar lo que temo, más me confirmo que lo temido es peligroso y más aumento mi miedo en lugar de reducirlo. Es la trampa de la evitación: cada evitación amplifica el miedo abriendo la puerta a otra evitación. Y esta secuencia interactiva en la cual cuanto más evito, más aumenta mi miedo, más vuelvo a evitar, se va extendiendo ¡hasta llegar al punto de no ser capaz de poder salir de casa!

 

2 – Pedir ayuda

pedir ayudaAlgunas personas solicitan ayuda directamente a los demás para afrontar aquello que temen (“por favor, acompáñame porque no me encuentro bien”) y otros son tan “buenos” que se las ingenian para que parezca que la ayuda es iniciativa de los otros (“es mejor que te quedes tú en casa, que ya voy yo”).

Sin embargo, pedir ayuda a los demás funciona de la misma manera que la evitación: que siempre haya alguien dispuesto a estar conmigo, me confirma continuamente mi incapacidad para afrontar solo lo temido.

Más pido ayuda, más agravo los síntomas ansiógenos, porque más aumenta mi sensación de incapacidad.

 

3 – Controlar los síntomas fisiológicos

controlar sintomasGeneralmente, cuando uno nota los síntomas físicos de la ansiedad (palpitaciones elevadas, frecuencia cardíaca rápida, mareos, temblores, sudoración, escalofríos, sensación de ahogo, presión en el pecho, nudo en el estómago…), la tendencia es intentar reprimirlos, controlar todos los parámetros fisiológicos (“tranquilo, relájate, respira, no tiembles…”).

Pero en el momento que intentamos controlar estas sensaciones, paradójicamente, en lugar de calmarlas, más se alteran. Estos parámetros son regulados por el sistema nervioso autónomo y funcionan de manera involuntaria, espontánea, – la frecuencia respiratoria, el ritmo cardíaco, la sudoración, el sentido del equilibrio, la tensión muscular, etc.

Cuanto más intentamos controlarlos, más los desencadenamos.

 

4 – Socializar el problema

socializarEs muy común que las personas que sufren de ansiedad tengan la idea ilusoria de “cuanto más hablo de mi problema, más se me pasa”; así que socializan sus temores con los demás (lo comentan con su entorno más cercano, ¡y a veces no tan cercano!).

Sin embargo, y creo que ya lo habrás notado si padeces ansiedad, cuanto más hablo de mi ansiedad, más la amplifico, más la hago crecer porque los demás procuran tranquilizarme, reasegurarme. Si continuamente me intentan tranquilizar, más me voy convenciendo de que hay realmente un peligro. Con la mejor intención, quienes me rodean dándome su apoyo, alimentan más aún mis temores.

Aunque el “juego” no acaba aquí: no sólo estoy más asustado cuando los demás intentan tranquilizarme, sino que me siento más incapaz. Porque me doy cuenta de que tengo miedo de algo que los demás parecen no tener. Así que, si pedir ayuda es avivar el fuego, socializar el problema, es echarle gasolina.

 

Si puedes evitar estas cuatro cosas, notarás en breve la mejoría, e incluso puede llegar hasta la desaparición del problema.

 

Si no es así, acude a un profesional, a un psicólog@ psicoterapeuta, que te enseñe cómo bloquear estos intentos de solución, que no funcionan, para que seas tú quien pase a manejar al “monstruo”.

 

Y si el profesional te puede garantizar resultados en tiempo breve, como un psicoterapeuta estratégico, pues mejor que mejor, porque la ansiedad puede llegar a ser un trastorno invalidante pero que puede resolverse sin necesidad de fármacos.

 

 

Neurociencia y Causalidades

terapia breve estrategica - neurociencia y causalidadesProliferan los estudios sobre neurociencia. Estas investigaciones, de gran aportación para comprender la estructura y el funcionamiento del sistema nervioso, que han supuesto un gran avance en el tratamiento de las enfermedades neurodegenerativas, también intentar dar explicación al comportamiento humano, llamémosle, “insano”.

Si en décadas anteriores, las investigaciones se centraban en los neurotransmisores, cómo su carencia o exceso estaba relacionado con los trastornos, ahora las investigaciones de neurociencia se centran en las redes neuronales involucradas así como en la genética (mediante la optogenética se excitan o inhiben determinadas neuronas para acotar en animales vivos los circuitos neurales afectados por dichos genes) ¡Y tenemos genes para todo! El gen de la depresión mayor, el gen del trastorno bipolar, el gen del TDAH, el gen de la ansiedad, el gen de la esquizofrenia, el gen del TOC, el gen de la cleptomanía…

Otros investigadores refieren que es muy difícil identificar la genética de los trastornos mentales dado que, en general, no son producto de un solo gen, sino de un conjunto de genes, una suerte de carga genética  acumulada y su afectación por factores ambientales (la vivencia de experiencias “traumáticas” o negativas).

Sea como fuere, pareciera que los esfuerzos se centran en establecer una causalidad lineal entre “herencia” y trastorno mental. ¿Qué resquicio le queda al ser humano bajo esta perspectiva? Porque si nos ponemos a tirar, la herencia genética del ser humano es común, parte de las primeras bacterias anaerobias, así como nadie está exento de padecer a lo largo de su vida un evento “traumático” (como digo a mis pacientes, la vida es un camino de rosas, con ese dulce aroma y suaves aterciopelados pétalos, pero también con sus punzantes espinas). ¡Es como si todos tuviéramos la espada de Damocles encima de nuestra cabezas!

Es cierto que en los últimos tiempos se ha aprendido mucho sobre la química del cerebro, sobre los neurotransmisores y sus receptores en animales de laboratorio, pero ¿cómo funciona en el cerebro del paciente y en su interacción con el contexto? Porque la mayoría de los pacientes no viven aislados en un laboratorio. Hay que dar más importancia al conocimiento operativo.

Desde una perspectiva menos determinista y de gran valor operativo, el principio de entender cómo funciona el problema para descubrir cómo actuar sobre él, es lo que ha “marcado el norte” de la metodología desarrollada por los investigadores de la Escuela de Palo Alto, los “padres” de la Terapia Breve Estratégica. De acuerdo con los resultados de sus décadas de investigación, es la causalidad circular, la secuencia de retroalimentaciones recíprocas entre causa y efecto, la que crea y mantiene los problemas.

Para el enfoque estratégico, la mayoría de los trastornos psíquicos, son resultado del significado que la persona atribuye a la realidad que está percibiendo en su contexto, y de la manera disfuncional cómo reacciona, lo que le conduce a confirmar su percepción y le “empuja” a reaccionar nuevamente de manera disfuncional, estableciéndose un círculo vicioso.

Por ejemplo, sin ninguna evidencia fuerte, creo percibir en mi cuerpo síntomas de una enfermedad, así que me pongo a hacer comprobaciones a mi cuerpo, a “escucharlo”, prestando mucha atención para verificar si son señal de que todo va bien o no:

  • Pero claro, quien busca, ¡encuentra! Al aumentar la atención a las sensaciones corporales, estas se ven amplificadas, así que descubro señales que me confirman que algo no va bien y me asusto.
  • Con el miedo, más percibo aumentadas mis señales corporales y más estas me van confirmando que tengo una enfermedad. Así que iré al médico de cabecera, que al no descubrirme nada, me manda al especialista.
  • Este hecho, en lugar de tranquilizarme, más me confirma que tengo una enfermedad porque me manda al especialista, comenzando todo un peregrinaje por los especialistas, donde cada visita, a pesar de los resultados ser negativos, más me intranquilizan porque no encuentran lo que me pasa.
  • Más me confirman que tengo una enfermedad, ¡además rarísima porque no dan con el diagnóstico! Me pondré a indagar en internet sobre enfermedades raras y su sintomatología, y encontraré las señales que me confirmen la enfermedad, entraré en pánico, la cosa tiene mala solución, me recetarán ansiolíticos, que me confirman definitivamente que tengo una enfermedad, porque si no … ¿por qué iban a recetármelos?

causalidad circular terapia breve estratégicaExiste una causalidad circular entre cómo el problema persiste y las soluciones intentadas que la persona hace para resolverlo sin éxito. A pesar de la causalidad lineal que pueden sugerir las investigaciones de la neurociencia, la redundancia de esta red de retroalimentación perceptiva y reactiva disfuncional, entre la persona y sus realidades (personal e interpersonal), es la que da lugar a sistemas perceptivo-reactivos rígidos y disfuncionales; al llamado tarstorno mental.

Hasta el momento, las evidencias empírico-experimentales comprueban que así funcionan las cosas, en la mayoría de los casos de trastornos mentales. Es más determinante lo que yo hago, y cómo lo hago, en función de aquello que percibo, que las herencias que, afortunadamente, o desafortunadamente me hayan tocado.

 

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