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Ayúdame…¡pero te lo pondré difícil!

Esta frase, ayúdame a cambiar, pero te lo podré difícil, es un mensaje que siempre está presente en consulta, unas veces de forma explícita (sin ir más lejos, la semana pasada ha sido la tónica en mi trabajo) y otras veces implícitamente.

El “cámbiame sin cambiarme”, o lo que es lo mismo, la resistencia al cambio, es una característica inherente a todo ser humano que toma la decisión de cambiar (y subrayo “decisión” porque muchos dicen estar en constante evolución, pero ellos no deciden cambiar, sino que son arrastrados por el cambio del entorno y se van adaptando a ello).

El paciente ya ha dado su “primer pequeño paso”, como decía Lao Tsé. La labor del terapeuta es sortear la resistencia si quiere conseguir tanto una alianza terapéutica como la adhesión al tratamiento.

Los fundamentos de la terapia breve estratégica nos ayudan a detectar el tipo de resistencia al cambio y utilizarla a favor de la terapia, ya desde la primera sesión (y claro, esto influye sustancialmente, en que sea una terapia en tiempo breve).

Algunos enfoques psicoterapéuticos podrán tener una larga tipología de resistencia al cambio; la terapia estratégica utiliza un reductor de complejidad que nos facilita operar en la complejidad de la realidad del paciente, dejando así en  4 los tipos de resistencia:

  • El colaborador aparente:

Quiere cambiar pero no sabe qué tiene que hacer. Como el caso de los padres que hiper-protegen a sus hijos al tiempo que esperan que sean autónomos. La explicación de que mimarle demasiado puede perjudicar al niño convirtiéndolo en incapaz, la comprenden desde un punto de vista cognitivo y ponen en práctica las tareas. Evidente que vamos midiendo que siguen estas indicaciones directas, para cerciorarnos que es un colaborador.

  • El que quiere cambiar, pero no puede:

Sabe qué tendría que hacer, pero no puede hacerlo porque un bloqueo emocional se lo impide. Por ejemplo, todos los fóbicos saben que si afrontasen su miedo, éste desaparecería, pero no pueden hacerlo. Por este motivo, no les podemos solicitar de forma directa que lo afronten. Sin embargo, si desplazamos su atención para que lo afronte sin darse cuenta, desbloqueamos su bloqueo emocional.

  • El opositor:

No quiere salir de su zona, digamos, de confort, aun limitándole los riesgos. Su zona la conoce, la domina, la controla y cuando ha salido, se ha sentido desprotegido, sin armas, por eso regresa a su refugio, colocándote los mil y un “sí, pero”, sin darse cuenta de que su refugio se ha convertido en su prisión. Me vienen a la cabeza las anoréxicas y los obsesivos (compulsivos o no), que te retan, desafían y desconfían de tus competencias. Hay que usar el mismo tipo de resistencia contra la resistencia principal, pero sin intentar convencerlo: si él duda, yo dudo más de que él sea capaz de hacer nada por mejorar.

  • Ni colabora, ni se opone:

No sabe si puede ni si quiere debido a una “hiper-rigidez” de su visión de la realidad: todo lo que no encaja en su percepción, no existe. No hay más puntos de vista, sólo el suyo es el único, real y verdadero. Es decir, una creencia que no podemos eliminar, como en los celos patológicos, que cuanto más intentamos convencer de que son ideas “paranoicas”, más le damos argumentos a la creencia para crecer. Hay que meterse en su punto de vista, en su “novela”, y añadir algo diferente que le lleve a descubrir otra realidad.

 

La teoría parece fácil, pero para alcanzar un alto desempeño como terapeutas, ser más eficaces y más eficientes, como en cualquier otra profesión de ayuda, hay que entrenar y ser constantes en aplicar las técnicas de comunicación que nos permiten manejar, sortear, eludir la resistencia. Como dijo Antonio Gades, “no hay arte sin disciplina, ni disciplina sin sacrificio”.

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Resolver el problema de los exámenes

resolver el problema de los examenesLa situación

En los últimos días, con los exámenes a la vuelta de la esquina, mi Google alertas (que  tengo activado para mantener actualizados a mis seguidores de Facebook), no para de enviarme noticias acerca del riesgo de sufrir ansiedad ante los exámenes debido a una mala planificación del tiempo. Y algunos consideran que es muy importante resolver el problema de los exámenes.

Bueno, como dice mi madre, pareciera que algunos acaban de descubrir el Mediterráneo (años más tarde le oí esta misma expresión al insigne filósofo español Gustavo Bueno; ¿será una expresión propia de una misma quinta o es que tengo una madre filósofa?).

No obstante, no está de más recordar y subrayar la importancia de una funcional planificación y organización del trabajo y el tiempo. Como decía Aristóteles: «Un buen comienzo, es la mitad del trabajo».

Hablo de funcional, porque desde el enfoque estratégico, modelo de terapia psicológica aportado por la Escuela de Palo Alto que ha desarrollado estrategias de problem solving para problemas humanos, el interés se centra en la “funcionalidad” o “disfuncionalidad” del comportamiento de las personas para resolver el problema que consideran tener y su modo de relacionarse con su propia realidad. Lo que es funcional para uno puede ser disfuncional para otro y viceversa.

Cómo funciona

Para unos puede ser más funcional estudiar por las mañanas, para otros por la tarde e incluso habrá aquellos que rindan más y mejorar por la noche. A unos les será más provechoso empezar por lo más “pesado”, ir de lo difícil a lo fácil, y a otros ir de lo liviano a lo que les exija más esfuerzo, de lo fácil a lo difícil. Hay a quienes estarán más “receptivos” empezando por cuestiones nemotécnicas y quienes lo estarán con ejercicios prácticos. Unos necesitarán subrayar, hacer esquemas, resúmenes, fichas, mapas mentales, test… y quienes únicamente necesiten subrayar, o hacer un esquema, o… Quienes subrayen a lápiz o a un solo color y quienes necesiten múltiples colores; quienes necesiten el acompañamiento de música (siempre la misma o mismo estilo o clásica, tecno, rap, etc., según la materia) y a quienes la música es un importante distractor. Los que necesitan descansar unos minutos cada periodo de estudio y los que precisan de despejarse con na actividad física. Y así, podríamos ir (casi) hasta el infinito.

Pero, al igual que para un buen desempeño ante los exámenes, es necesario una organización funcional del trabajo, igualmente  es imprescindible cierto grado de ansiedad. Cualquier prueba que exige esfuerzo, aplicación, dedicación, empeño, tesón, constancia, perseverancia, necesita un poco de ansiedad  porque es la que nos permite estar más concentrados, atentos, activos, vigilantes. Una cierta dosis de ansiedad se puede mantener y usar funcionalmente.

¿Cuándo la ansiedad se transforma en un problema? Cuando supera  cierto umbral, porque ahí la ansiedad comienza a interferir con la capacidad de concentración, de memorización, de exposición y, por ende, comienza el bloqueo, tanto durante el estudio como durante la realización de los exámenes.

Cómo resolver el problema

En el momento que mi nivel de ansiedad va más allá, el comportamiento se vuelve completamente disfuncional y pierdo la gestión de la situación. En el caso que nos ocupa, comienzo a darme mensajes tipo: “concéntrate, relájate, tranquilízate, no te pongas nervioso, céntrate…”.  Y cuanto más me doy estos mensajes, cuanto más intento controlar estos parámetros, paradójicamente, más me descontrolo. Entro en un círculo vicioso. Es decir, el intento de solución para controlar la ansiedad se convierte en el problema. Y de una ansiedad “sana”, funcional, pasamos a una espiral ansiógena disfuncional. Como afirmaba Paul Watzlawick, las soluciones intentadas son la principal forma de persistencia del problema psicológico.

Evidentemente, alguien que vive una situación puntual donde la ansiedad superó el umbral funcional, no tiene un trastorno de ansiedad y no necesita recurrir a la psicología clínica. Pero si esta espiral disfuncional, se mantiene y es llevada al extremo, podría convertirse en una patología. Y en estos casos, lo primero es acudir a un profesional que pueda garantizar resultados en tiempo breve, precisamente porque es un trastorno invalidante pero que se puede resolver sin necesidad de fármacos.

Desde la Terapia Breve Estratégica, la intervención para superar y gestionar esta experiencia emocional correctiva negativa que genera la ansiedad “patológica”, se ha de tener una experiencia emocional correctiva positiva: enseñar a la persona a tocar el fantasma, tocarlo y hacerlo desvanecer.

Para concluir con el tema del titulo, seria importante reflexionar sobre la posibilidad de que el principal obstáculo para resolver el problema de los exámenes sea, quizá, que tanta gente se ocupe tanto en resolver el problema de los exámenes.

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